....... Y entonces omprendí. No quise asimilarlo, pero lo comprendí. Una frase me lo aseguro: Pero, ¿cómo ha sido?", "Creo que se ha ahorcado".
Ni todas las clases de redacción periodística, ni las frases hechas, ni los relatos, ni las palabras pueden reconstruir un momento así. Quizá, lo más entendible, fuera el silencio, el vacío, el miedo, el no saber...
Subí de nuevo corriendo. Cogí el teléfono. "Llámame, se ha suicidado. Por favor, por favor..." conseguí escribir. tardó un rato la respuesta. Me eché a temblar, daba vueltas por la habitación. "¿Por qué a nosotros, por qué lo ha hecho?". Mi obsesión egoísta esos días fue que no se había despedido de nosotras, sus preferidas, que aunque había estado en casa días antes no nos había dicho nada. Mi hermana sí me dijo que habían estado hablando sobre una imagen de la tele, sobre una presentadora a la que vimos una vez que nos llevaba al colegio cuando éramos muy pequeñas. Ella no se acordó entonces. Cuando, pasado un día, consiguió llorar, abrazada a mí me dijo: "Ahora sí me acuerdo".
Hay cosas que quedan por decir. O acaso queda todo por decir. "Se ha ido sin saber cuánto le queríamos", me dijo mi hermana. Y tenía razón. Yo me agarraba a la idea de que quizá si lo hubiera sabido no se habría suicidado, de que había estado solo, de que nos había visto crecer y alejarnos a toda la familia y se había sentido solo. Mis palabras quizá podrían haberlo disuadido, podrían haber cambiado la situación... El por qué, la culpa, la rabia... Todo eso me mezclaba en la cabeza.
La misma noche del suicidio conseguí dormir, aunque no supe cómo. No recuerdo tampoco cómo me levanté. Mi hermana, que me había dicho antes "ha tomado una decisión y tenemos que respetarla" tampoco entendía entonces, ya no había decisión posible. Me quedé con la foto nuestra que había impreso, las dos vestidas de comunión, y que tenía entre sus papeles del médico. "Había pedido ayuda", era la frase que usaba para explicar a quien me llamaba lo que había ocurrido. Cuando algo así pasa todos llaman, pero nadie está realmente. Estuvo el que yo pensé que era el amor de mi vida, que resultó no serlo, que estos días ha venido a mi cabeza de nuevo.
Las noches posteriores las pasé consolada por mi tándem perfecto. Me acostaba y se venía la imagen de la habitación, la silla sin la tapa, las colillas en el cenicero, a mi cabeza. Me acostaba y me venía él a la cabeza. El tándem me abrazaba, me daba besos en la espalda, me escuchaba... "Soñarás con él", me dijo, "las personas sensibles tenéis esa suerte". Y soñé con él.
Fue a la siguiente semana de su muerte, creo. La misma noche que mi hermana también soñó con él. En ambos sueños estaba apesadumbrado y arrepentido de la decisión. Yo le decía: "Te echamos de menos", y sabía que él también a nosotras. Y pude preguntarle que por qué no se había despedido, y me dijo: "No podía despedirme de vosotras". A mi hermana le dijo que se arrepentía y que sabía lo mal que nos habíamos quedado todos.
Hoy miro su foto y pienso que era demasiado guapo. "Nuestro cumpleaños marcado por su muerte", me dijo mi hermana. El 2008 marcado, para siempre, con su muerte.
No se olvida. No se entiende.No se pasa. El dolor persiste, el dolor no pasa, no lo hace, tampoco su recuerdo. "No me he ido", le dijo también a mi hermana en el sueño. Y sé que no se ha ido. Pero le echo tanto de menos...
Anita, mi amiga anita, se echó a llorar una mañana de camino a Madrid conmigo, las dos en el bus, mientras llovía fuera. A veces también llueve dentro. Ni siquiera diluvia: es toda una tormenta que no cesa. Sigue lloviendo.... Hoy también llueve. Por eso escribo.
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